La comida en el Matilda

Un brindis ecológico en el ‘Matilda’

Este viernes, Raquel y Juan, los impulsores de Sopas Con Honda, decidimos celebrar la creación de este nuevo blog en el que contaremos a los usuarios nuestras experiencias en los bares y restaurantes de la capital vallisoletana y, ocasionalmente, de otros lugares que podamos visitar en nuestras puntuales escapadas de fin de semana.

Con motivo de esta inauguración tan especial, nos apetecía apostar por una cena ligera e informal, en barra pero con estilo… En definitiva, queríamos brindar en un sitio agradable, chic y con un punto cosmopolita, donde se vean Converse y mocasines por igual sin que sus propietarios se sientan incómodos por el desconocimiento hacia las personas con las que comparten mesa (que no mantel). Sí, “comparten mesa”. Y es que una de las características más originales del ‘Matilda’, el local que se presenta a sus clientes como un “salón de estar, comer y beber”, radica en su funcional diseño, desarrollado en torno a la idea de romper con los clichés de las cenas íntimas: “coge un taburete y siéntate con el resto, estás en tu casa”, transmite la disposición de una cálida estancia decorada, principalmente, con muebles de tipo Ikea.

Disposición de mesas en el Matilda

El ‘Matilda’, ubicado en la céntrica plaza de Cantarranillas, ha contribuido con su particular esencia a dotar de vida una zona de Valladolid estigmatizada durante años por los conflictos que se sucedían en las madrugadas de los sábados a las puertas de los bares de copas. Por suerte, en la actualidad, a través de la marca ‘Plaza de Cantarranas’ y del esfuerzo de varios emprendedores, se está consiguiendo apartar esa imagen desapacible para crear un espacio de disfrute que merece una oportunidad, ya sea para visitar el gastrobar ‘Cuatroplatos’ (del que hablaremos en otra entrada), o para tomar un aperitivo sustancioso en la terraza ‘matildiense’.

Terraza del Matilda

Respecto a la comida que los clientes pueden degustar en el local que protagoniza esta entrada, cabe destacar el burrito thailandés por el exotismo que aporta a la carne una combinación equilibrada de curry, miel y leche de coco –entre otros ingredientes–. Por cinco euros se sirve acompañado de ensalada y constituye una apuesta segura para quienes se atreven a probar nuevos sabores.

Por otra parte, ante paladares menos arriesgados se recomiendan los nachos servidos con una abundante ración de queso caliente y bacon, las tostadas y los sandwiches de atún derretido de carne asada, que hacen las delicias de los comensales más jóvenes.

La pizarra/carta del Matilda

En el ámbito de la oferta vegetariana, que en el caso del ‘Matilda’ linda con lo abundante sin renunciar a lo sabroso, la carta improvisada en una sencilla pizarra propone en primer lugar una receta de origen árabe: el hummus (crema de garbanzos y pasta de sésamo con aceite de oliva y pimentón), presentado en un bol grande acompañado de crudités de zanahoria y pan crujiente. Su sabor es suave y combina muy bien con la miniquiche de puerro y manzana, los puerros con salsa romesco, el sandwich vegano y el queso Camembert al horno con mermelada de pimiento. Esta última sugerencia, además, tiene una variante más intensa con el queso curado como protagonista, lo cual despierta el apetito de los incondicionales de Ribera del Duero por facilitar un buen maridaje.

Precisamente a propósito del vino destaca el tinto ecológico ‘Eremus’, que cumple aquellas expectativas de “comida y bebida saludable” que pueda forjarse el cliente al entrar en el restaurante, sin quedarse muchos pasos por detrás del Protos demandado por el público de más edad. Verdejos afrutados y claretes, por supuesto, también se despachan con frecuencia.

Hummus

De forma resumida, hablar del ‘Matilda’ significa valorar una suerte de artesanía gastronómica low cost donde el proceso culinario cobra protagonismo al permitir a la clientela contemplar el trajín –que no desorden– de sartenes y especieros manejados con pulcritud en la pequeña cocina (beneficios de una filosofía sin apenas tabiques). Podemos así descubrir una fórmula de trabajo limpia y cuidada, manifestada en detalles como la salsa Green Goddes que una amable camarera sirve con patatas fritas a modo de ‘tapa’ para entretener la espera.

Con estos ingredientes, por un precio medio de entre ocho y diez euros por persona, es fácil que el comensal satisfaga su apetito sin que el estómago le recuerde a media noche sus excesos.

Bizcocho Matilda

En conclusión, con una relación calidad-precio perfectamente ajustada y a cambio de un desembolso similar al que haríamos en una hamburguesería, disfrutaremos de una velada ecológica antes de dar paso al célebre ‘bizcocho Matilda’ (un excelente dulce de  zanahoria, especias, nueces y fondant de limón), que preparará el cuerpo para el siguiente paso: la perfecta copa. Ésta, sin embargo, ya es otra historia… Bon Appétit!

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