Casa Cofiño

El plan cántabro: ‘Casa Cofiño’

A quien madruga Dios le ayuda. Y al que no madruga, a veces también… El sábado descansa, y a eso de las 11.00 carretera y buen apetito. ¿A dónde vamos hoy? A Cantabria, a un lugar con encanto ubicado junto a San Vicente de la Barquera: Caviedes, premiado en 2006 con el galardón “Pueblo de Cantabria”.

Pueblo de Caviedes

En el municipio del que hablamos este domingo hace más de medio siglo que se montó el negocio familiar que protagoniza esta entrada, dirigida al comensal perfecto: exigente y a la vez agradecido, dispuesto a repetir experiencias gastronómicas cuando éstas valen la pena. Y es que sólo con decir “Casa Cofiño” los perros de Pávlov empezarían a salivar.

En realidad, aunque existen múltiples características que distinguen Cofiño de otros restaurantes del norte, son muchos los pueblos cántabros en los que sobreviven las llamadas “casas de comidas” que combinan las particularidades de los restaurantes con las de los colmados donde, tras una barra de bar, se abre paso una pequeña tienda desde la que se despachan embutidos, conservas y legumbres –entre otros productos–. Estos espacios incorporan a sus instalaciones un comedor donde reina la comida casera con el fin de alimentar a los lugareños y convencer a los foráneos. 

Colmado

La casa en cuestión comienza por una primera sala donde es posible adquirir productos típicos de Cantabria como las anchoas de Santoña, los sobaos pasiegos, las corbatas de Unquera o la mítica quesada. De este modo, la bienvenida al visitante alcanza a todos los sentidos, acompañada por las sensaciones que inspiran la decoración castiza, el olor de los quesucos pasiegos y el ambiente familiar que impera, incluso, en la pequeña terraza donde el humo de los potes tienta a los gatos.

En definitiva, y a la vista de las décadas que lleva abierto el restaurante, podría decirse que “Casa Cofiño” ha sabido renovarse con gusto y mucho trabajo. No en vano, y contrariamente a lo que sucede en otras casas de comidas, la decoración y la limpieza están muy cuidadas (lo cual resta importancia a la principal crítica que podemos hacerle al local: algunas mesas están a pocos metros de los baños, separadas de estos por un fino biombo).

Metidos en harina, después de haber hecho por teléfono la reserva correspondiente en este mesón que cuelga el cartel de “completo” cada fin de semana, los queseros suelen pedir una buena tabla que los creadores de ‘Sopas con honda’, sin embargo, eludimos para pasar directamente al “trabajo serio”. Al fin y al cabo, ¿cómo no vas a tomarte un cocido montañés en Cantabria? Ligado, sabroso, casero, con su compango de lujo, en cantidad muy generosa –como para repetir tantas veces como se desee- y a 8,50 euros por persona, la felicidad se completa con una botella o copa de vino a gusto del cliente, quien puede apostar por el ‘Pagos de Peñafiel a 2,50 euros la copa.

Cocido montañés

En esta ocasión, además, Raquel probó una sopa de fideos con huevo para entonar el estómago en lo que calificó como “una decisión acertada” para quienes quieren completar su menú con un hermoso chuletón servido con guarnición y tres tipos de sales que el camarero presenta en bandeja de barro. 

Sopa de cocido

Si bien el cocido montañés bastaría para saciar a la mayoría de la gente, hay una sorpresa para todos los que quieran ir más allá: la albóndiga. Así, en singular.

La albondigona es una opción que merece una mención aparte en este post por su descomunal tamaño y su excelente textura: jugosa, suave, pochada con cebollita y acompañada de unas patatas fritas caseras. “La albondiga merece el viaje” escribió en este sentido el comentarista gastronómico David de Jorge en su exigente blog. Y es verdad, porque la suculenta salsa del guiso permite amortizar el pan (cobrado sin ser pedido, pero necesario no obstante).

Albondigones Cofiño

Llegados a este punto, podríamos dar por concluido el festín, pues ni Juan ni Raquel somos muy amigos de los postres -hay que ser exigentes con las calidades y los precios hasta el final de la comida y con los dulces suelen aprovecharse los parabienes de los platos anteriores para descuadrar las cuentas–. No obstante, en Cofiño todo pasa la nota de corte con sobresaliente.

Helado de mandarina

Los helados como el de mandarina son muy refrescantes, mientras que el casero de higos con chocolate caliente y cointreau supone una forma genial de terminar una copiosa comida, sin descartar la tarta de queso o el arroz con leche para los golosos que planeen un paseo por San Vicente de la Barquera o Comillas por la tarde, como costaleros de un delicioso helado de Regma.

Helado de higos

Finalmente, a la hora de desenfundar la cartera “la dolorosa” no lo es tanto. En total, es posible comer por unos 20 euros por persona. Por ello, recomendamos encarecidamente este restaurante que, a nuestro parecer, está en calidad-precio en el “top ten” de los que hemos probado.Cuenta de Casa Cofiño

Eso sí, el éxito tiene sus servidumbres… Que a nadie se le ocurra ir a Caviedes sin reservar con unos días de antelación –cuantos más mejor- porque la cocina está siempre a pleno rendimiento.

Y si por la tarde no se tercia la playa para hacer la perfecta digestión, muy cerquita tenemos “La cueva del soplao”, el Parque Natural de Oyambre o el precioso pueblo de Santillana del Mar para dar un buen paseo. En esta ocasión, nosotros fuimos a la Ferrería de Cades (municipio situado en el Parque Natural Saja-Besaya, a unos 20 kilometros de ‘Casa Cofiño’), donde puede visitarse un molino y una antigua ferrería del siglo XVIII.

Ya puedes presumir de plan cuando llegues a casa.

@sopasconhonda

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