Comida en El Molino

Peñafiel y ‘El Molino’, cuna del vino y del buen lechazo

No siempre es fácil describir con objetividad el propio hogar. Los recuerdos se mezclan con los sentimientos y lo emocional supera, con mucho, a lo racional. Lo sentimos, no podemos hablaros con objetividad de la Ribera de Duero

Desde Valladolid los pinares acogen al viajero, obligándole a desfilar entre el páramo y el Duero, intercalándose tímidamente con las viñas y los imponentes monasterios. A medida que nos acercamos a Peñafiel, los majuelos ganan terreno a los pinos y, finalmente, desde Quintanilla de Arriba, atisbamos el impresionante castillo que navega entre viñedos presidiendo la unión con el río Duratón a la altura del pueblo que hoy visitamos.

Bodega Protos a los pies del castillo de Peñafiel

En esta ocasión, optamos por acudir en primer lugar al Museo  Provincial del Vino, ubicado dentro del castillo peñafielense. Para llegar hasta él, lo recomendable es dejar el coche en el Parking y desplazarse en los autobuses gratuitos que regularmente suben a los turistas, deseosos por acceder a unas vistas incomparables de la villa castellana y participar en las visitas guiadas que incluyen la entrada al espacio museístico interactivo. Allí, pueden hacerse una idea bastante clara del proceso de elaboración del vino, de sus características y  de las principales variedades de uva.

Para quienes ya conocen esta primera parte del plan que proponemos, existen otras alternativas interesantes, pues son muchas las bodegas de la Ribera que están abiertas al público a través de sus actividades de enoturismo. De hecho, sin salir de Peñafiel, Protos presenta una excelente opción: desde 10 Euros por persona, previa inscripción, se hacen visitas con degustaciones incluidas. Además, en su tienda es posible adquirir vino y aceite a un precio más bajo que en el supermercado.

Bodega Protos

Por fin, después de cargar en el coche unas cuantas botellas de Protos Roble 2010, llega el momento más esperado de la jornada… Los castellanos no somos gente demasiado apasionada, pero un buen plato de lechazo alegra el mes a cualquiera. Y es que, la localidad de la que hablamos alberga en sus calles un gran número de asadores que protagonizarán más de un post en este blog.

Comida en El Molino

Después de una mañana muy agradable entre barricas, y del correspondiente paseo hasta la plaza del viejo coso que tanto atrae la atención de los “forasteros” por su curiosa disposición y su origen medieval, nos encaminamos hacia uno de nuestros mesones favoritos para degustar lechazo churro asado: ‘El Molino de Palacios’.

El Molino de Palacios

El Molino es uno de los muchos lugares de la Ribera del Duero donde el horno de leña es el principal reclamo para los amantes de la gastronomía, sin embargo, su ubicación junto al río Duratón y la conservación de este espacio cuyo origen se remonta al siglo XVI lo distinguen del resto de restaurantes y lo convierten en una parada obligada para el visitante, quien también debe apuntar en su lista El Corralillo. Este último lugar, que sitúa su comedor entre las grandes paredes de piedra de una bodega tradicional, también prepara un asado merecedor de la Matrícula de Honor, por lo que los creadores de Sopas con Honda lo encargamos aquí “para llevar” cuando lo que nos apetece es comerlo en la casa de la que disponemos a diez kilómetros.

El Corralillo

En cualquier caso, el pasado martes reservamos mesa para tres personas en la primera de las opciones comentadas, ‘El Molino’, con el fin de advertir que ese fin de semana queríamos comer dos cuartos (con un delantero -más jugoso-, bastaría para dos comensales, pero añadimos un trasero -con más carne- para saciar el voraz apetito del invitado que nos acompañaba).

No olvidamos, claro está, que todo aquel que quiera disfrutar del plato típico de la zona debe encargarlo con, al menos, 24 horas de antelación. De esa manera, uno se asegura de que la comida se colocará a la hora convenida y caliente sobre el mantel.

Lechazo

Después de echar un vistazo a la carta, nos inclinamos una vez más por nuestro menú favorito del que, además del lechazo (39 euros el cuarto), forma parte una ensalada mixta (unos 5 euros), pan de pueblo, una botella de tinto de la zona y, si todavía te queda hueco, un postre casero como las torrijas o la tarta de quesada, café y chupito.

Tarta de quesada

Cuando vamos al restaurante que protagoniza esta entrada (un par de veces al año), éste, en definitiva, es nuestro plan. No solemos hacer muchas innovaciones, pero, para los amigos de los entrantes, recomendamos también el embutido y la riquísima morcilla -todo made in Castilla-.

Carta

Llegados a este punto, imaginado ya el festín: tomen asiento. ¿Quién se apunta a la próxima excursión a la cuna del vino y del buen comer?

@sopasconhonda

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