La propuesta diferente: menú del día en el ‘Café de Amable’

La calle Paraíso, desde su ubicación próxima al centro de Valladolid, alberga desde hace varios lustros locales imprescindibles para los amantes del buen tapeo. Aún hoy, en medio de una zona de destacado ocio nocturno, sobreviven varios rincones con el apellido “bar de toda la vida” que acompañan los vinos de la tierra con propuestas de sabor castellano.

De manera más concreta, nos desplazamos esta semana al numero 8 de Paraíso para descubrir el edificio que durante años fue sede del ‘Diario Regional’, más tarde imprenta, y ahora nueva y exitosa idea de negocio (también con nombre de libro): The book factory hostel.

'El café de amable'

La anterior función del bloque de pisos ante el que nos encontramos se deja intuir en la estructura del local, en la decoración y, hasta cierto punto, en su modesto y acogedor patio interior. El ladrillo rojo convive con el suelo de madera y la dureza del cristal en un estilo que prima lo diáfano, sencillo y con un toque bohemio.

Patio interior del 'Café de amable'

Entre estas paredes, repletas de bocetos y coloridos dibujos, se encuentra la cafetería y comedor del hostal, promocionado bajo el peculiar nombre de “El Café de Amable” en homenaje a la figura del artista castellanoleonés Amable Arias.

Local de 'El café de Amable'

En un momento en el que los nuevos locales arriesgan en sus diseños con afán por diferenciar su producto hasta rozar los límites de lo hortera (y en ocasiones más allá), es magnífico descubrir que alguien ha logrado crear algo con forma distinta y fondo interesante.

Con estas características, los dueños del luminoso espacio podrían haber apostado por impulsar una cocina de casi cualquier tipo, sin embargo, han optado por unir el ambiente relajado de las cafeterías con la creatividad de un bar de tapas innovador y la funcionalidad de los restaurantes que no transforman en odisea la búsqueda de un correcto menú diario. Nosotros, precisamente, probamos esto último: el menú de 14,50 euros que se sirve de lunes a viernes.

Carta 'El café de amable'

La comida, tal y como se puede comprobar en la fotografía que adjuntamos, consiste en un primero formado por dos tapas de la casa a elegir entre las expuestas en la barra del bar (tosta de sardina, costrini de queso brie o bocatini de pechuga marinada), y otras opciones que llegan calientes desde la cocina al ser preparadas en el mismo momento en que el comensal las pide (ravioli de morcilla, crema castellana y crema de calabaza).

Nosotros, siempre fieles a las posibilidades gastronómicas que entraña el mundo del queso, nos decantamos por abrir el paladar con una tosta de brie y pesto.

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También degustamos la crema castellana, muy recomendable para los amantes de las sopas de ajo por su densidad y tradición, con miga de pan duro y crujientes trocitos de jamón frito. En todo caso, de nuestra elección destacamos, sin duda, el ravioli de morcilla… Que nadie espere pasta fresca, sino una oblea plegada sobre un generoso relleno y abundante cebolla. Aún así, el “invento” acierta en presencia y sabor, justificando hasta cierto punto la arriesgada ausencia de primer plato en un menú diario de (recordemos) casi 15 euros.

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Como segundo, la carta nos anima a elegir entre dos únicas opciones: lubina con salsa de limón o entrecot con patata puente nuevo. Tal y como ya viene a ser habitual en nosotros, nos inclinamos por el pescado.

La ración es generosa y se compone de dos lomos -media lubina- con una salsa suave y cremosa que parece elaborada a base de nata y toques ácidos de limón. En definitiva, se trata de un plato digno que, al igual que ocurre con los raviolis y el resto de opciones elaboradas, se presenta en un gran plato cuadrado en el que encontramos una porción de champiñones y el recurrente adorno de vinagre de módena tan del gusto de esta cocina.

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Finalmente, el almuerzo concluye con dos sugerencias a modo de postre: coulant de chocolate con salsa de frambuesa y tiramisú. Aquí, los amantes del chocolate fundido ganan por goleada a los aficionados al café…

El tiramisú – muy bien presentado- apenas tenía sabor ni densidad, mientras que el café se intuía en la capa superior y perdía presencia en el resto del postre. Por su parte, el coulant se deshacía en la boca antes de llegar al paladar, haciéndonos olvidar por un rato que ninguno de los dulces degustados es realmente casero.

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Llegado el momento de pedir la cuenta, el café tardío  resulta el principal apunte negativo que podemos hacer a esta experiencia, pues la buena atención recibida en mesa justifica el brindis que hacemos sobre la misma con dos vasos de agua y sendas copas de Verdejo incluidas en el precio del menú.

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Esta vez, apartamos la posibilidad de tomar una copa para mejores ocasiones, pero nos marchamos de ‘El Café de Amable’ con la impresión de haber descubierto un nuevo lugar de tapeo, al que poder ir a tomar un café de vez en cuando y, sobre todo, donde saborear un almuerzo correcto, aunque sin pretensiones, en grata compañía. Esto último, eso sí, solo depende de ti… ¿Con quién quedamos a comer mañana?

@sopasconhonda

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